Salgo a caminar por unas horas. Me alejo de todo y de todos,
menos de mí. Más bien, yo diría, voy en mi búsqueda.
Son pocos los momentos que uno tiene para estar a solas
consigo misma, sin ningún impedimento o factor que altere la introspección.
Siempre es el ruido, los quehaceres, las obligaciones, el trabajo, que nos
alejan de nuestro ser. Pero de vez en cuando y como un bumerán, decide regresar
para golpearnos en los dientes. Porque ni lo vemos venir. Estamos tan
distraídos que cuando regresa, nos sienta de traste y nos deja sorprendidos en
medio de una realidad que no aceptamos, pero sin embargo, vivimos.
Por eso, yo no espero a que vuelva inesperadamente. Yo lo
busco. Voy en mi búsqueda cada mañana,
mientras camino sola por las veredas y las calles de tierra de mi barrio.
Pienso. Pienso mucho. No llevo auriculares e intento que nada me distraiga de
mis pensamientos más íntimos.
Atravieso las primeras cuadras y por lo general, ya mi
queridísima muchacha interior, resurge más viva que nunca. Y me habla. Me habla
constantemente. Me pregunta cosas y quiere saber qué pasos voy a seguir o qué
decisión voy a tomar. Muchas veces, terminamos decidiendo juntas. Me reta, me dice cosas hirientes; Las más
horribles que se puedan imaginar. Pero casualmente, suele ser lo que necesito
escuchar. Ella posee un conocimiento inagotable de mí y yo confío plenamente en
sus facultades. Sabe lo que me hace bien y lo que no. Sabe devolverme al
núcleo, de donde todo surgió. Me trae, me lleva. De vez en cuando me tira
frases que me dejan pensando por días. La última fue; “No hay otro camino, y
nunca lo hubo”. Creo que si alguien nos dice algo como eso, todos
permaneceríamos estáticos, pensando, dudando, o porque no, llorando.
Luego de aquellas palabras tan contundentes, no he podido
volver a caminar. El clima no me lo ha permitido. Entonces, ando con esa frase
colgada en mis pensamientos y balanceándose entre las lianas de mi mente, como
tarzán en la selva. No dejo de pensar en ella. No viene al caso contar porqué me
dijo lo que me dijo, o cuál fue el hecho que la llevó a decírmelo. Pero la
cuestión es que como siempre, mi ser interior me tira indicios que yo había
pasado por alto, en el devenir de la vida. Es como un faro en plena oscuridad,
lo sé. Aunque aún no lo comprenda. ¿Tiene que ver con el destino? No lo sé.
Quizás, no lo sabré jamás.
Deseo con todo mi corazón, que salga el sol, que deje de
llover. Que sequen las calles. Necesito salir, necesito hablar con ella. Que me
explique por qué. Que me diga cómo es que no hay otro camino, y nunca lo hubo.
muy bueno erica!
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