Son
las diez de la noche y me tomé la última pastilla que me ayuda a superar todo
lo que ha pasado. Apago la luz porque a oscuras se saborea mejor. Ella duerme
como si nada le importase. De a ratos la observo a través de la noche y la
envidio. Ojalá yo pudiera descansar. Con los rayos del sol llegan los
reproches, los comentarios inútiles y el trabajo. El trabajo de tener que poner
una cara para cada ocasión. Una para el jefe, una para mi vieja, una para el
kiosquero que me pregunta qué fue lo que te pasó.
El día transcurre como lo ha hecho hasta
la semana pasada. Sin embargo, yo no soy el mismo que el jueves anterior. Me
arrastro hasta el departamento donde ella me recibe como si nada hubiera
pasado. Salta, muerde, corre alrededor de la mesa y se choca con el sillón. Ya
no me da gracia. Además, me da bronca que no esté ni siquiera un poco triste.
¿es que acaso no te extraña?
El fin de semana llega con la torta de
naranja que me trae tu mamá para desayunar. Viene a llevarse algunas de tus
cosas. También me pide que te entregue. Me mira como si yo fuese un ladrón de
cenizas. Dice que a vos te gustaría estar en el parque de tu casa. Yo me voy al
baño porque necesito una pastilla para no cometer una locura. ¡Ésta era tu
casa, carajo! Pero no hay más en el cajón. La último me la tomé anoche,
mientras veía dormir a tu mascota.
Mi suegra —si aún le puedo decir así— se
llevó la lámpara de madera y tu ropa. Dice que es mejor que ella lo haga. Yo
creo que ella se quiere llevar todo para no tener que volver nunca más. Yo
también haría lo mismo, no la culpo. Para cuando se fue ya no podía sofocar los
temblores. Me metí a la cama con la ropa puesta. Ahí estaba ella, acostada en
el almohadón que le hiciste, descansando otra vez. Maldita. Yo seguía
temblando. Intenté levantarme, pero no pude. Caí como un saco de papas junto a
ella. Me desperté con la sensación de que algo me humedecía las mejillas. Era
ella que me lamía la cara.
Ahí acostado en el suelo helado, empapado
en sudor, lameteado por un perro al que no quería, me entregué a mi destino.
Solo espero que, del otro lado, estés vos para hacer la travesía un poco más llevadera.

No hay comentarios:
Publicar un comentario