Quería escribir un cuento interesante, polémico, profundo,
dado que la frase que me ha tocado extiende un sinfín de posibilidades. Quería
relatar una historia donde como siempre, la felicidad haga lo suyo y los
personajes, coman perdices por el resto de sus días. Quería, pero ya verán, no pude.
La verdad, que pensándolo bien, es muy complicado hablar de
la violencia. Según el diccionario, una de sus definiciones es; el uso de la fuerza para conseguir un fin,
especialmente para dominar a alguien o imponer algo. Interesante. Vuelvo a
releer la frase y lo primero que me imagino es a un tipo degollando a una
mujer, a una madre, o a una ex. Y honestamente, no quiero escribir un cuento
con esas características. Sí, acerca de
la violencia de género. Aunque pensándolo bien, debería.
Solo unos segundos después del punto seguido, pienso en
mucho más y en todo lo que abarca el tema. Pienso en los niños, en los ancianos,
en los animales. Pienso en ustedes y en mí.
Hay tanto qué decir acerca de esto, que me asquea la
cantidad de cosas que mi imaginación proyecta, como si fuese una película de
terror. Ustedes, coincidirán conmigo en esto seguramente. Ya ven, no es un
cuento.
Volviendo a la cuestión de la violencia en su término, luego
de averiguar su definición, me pongo a pensar qué es la violencia para mí,
tratando de unirla a situaciones y “ficcionarlas” para cumplimentar con la
tarea requerida. No les voy a mentir, me
es imposible. No se me ocurre qué elegir de la gama jerárquica de la violencia.
No sé si hablar de la vecina que revolea cosas cuando está enojada, o le dice a
su hijo adicto que fue, es y siempre será una mierda. O quizás mencionarles a
mi otra vecina que, cada tanto se olvida de los hijos y los deja en la calle.
Bueno… ahora que lo pienso, puedo hablar del que vive tres casas más allá y
tira basura en la calle. Sí, ya sé, estos hechos no se comparan a los casos de
violencia física, o agresiones verbales, pero para mí, también eso es
violencia. Ojo, también puedo contarles de la mujer que mataron en la esquina,
hará cosa de 15 años atrás. Su ex marido la acuchilló. O del papá de unos de
mis amigos que, aparentemente y para todo el barrio, murió a manos de uno de
sus hijos. Cabe aclarar que el susodicho era hijo de otro matrimonio, no uno de
mis amigos.
Miro la hora y pienso que me queda poco para ir a trabajar y
quiero redondear la idea. Ahora pienso en mi trabajo y los casos de violencia
que me regala, tan amablemente, mi profesión. Pienso en los nenes que son
depositados en el colegio ocho horas. Pienso en los padres que están restringidos
por orden judicial y en los casos de abuso. Pienso en las maestras, compañeras
de profesión, que les gritan y los maltratan. Gracias a Dios, en mi entorno
cercano, ninguna es así. Pero conozco muchas.
Sigo debatiendo entre entregar este relato, que más que
relato es una descarga o un una simple expresión personal, o ponerme a armar un
cuento como se debe. Aún no lo sé. Quizás lo logre antes del miércoles. Aunque
lo veo un poco imposible, porque como verán, se me hace un poco complicado
entender la violencia.
Muy bueno lo que expones en este no-cuento. Me suena a descarga y "disculpenme, pero no puedo hacer esto". Atando mas cabos aun, deduzco que las tematicas te hacen un ruido particular. Tal vez te impactan a un nivel muy complejo, el cual ni vos misma comprendas. Celebro esta valentia, si se quiere, de afrontar este impedimento con altura y responsabilidad.
ResponderEliminarGracias por el comentario. La verdad, vos sabes, me cuesta mucho. Intente poner en palabras lo que me paso con esta consigna. No fue lo que lleve al final... pero valio escribir un poco mas.
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