lunes, 22 de junio de 2020

Capítulo 30: La última canción


“Ser profundamente amado te da fuerzas,
mientras que amar profundamente a alguien te da coraje.”
Lao Tse
—No puedo creer que Ceci esté embarazada. —comentó Sebastián en el coche.
—Está preciosa. Esa nena va a ser muy feliz.
—¿Nena?
—Sí. Presiento que va a ser mujer.
—Bueno… Si lo es, más vale que se cuide porque entre el padre y el tío…
—¡Pobrecita! ¿Dónde vamos?
—¿Qué día es hoy?
—Viernes. ¿Por? —Sebastián le sonrió.
—¡No! No, no…
—Dale…
—No, Sebastián. No quiero ir al karaoke.
—Bueno, está bien. No vamos al karaoke. Hay cena show en un barcito de Castelar. Va a cantar Paula y Gastón nos invitó.
—Bueno… ahí me gusta más. Además, me duele la garganta.
—¡Mentirosa!
—¡Es verdad!
Conversaron durante todo el trayecto sobre la casa que era de sus abuelos. Sandra había decidido alquilarla para tener otro ingreso y poder comprarse un coche. Aunque Sebastián le había ofrecido ayuda, ella no quiso aceptarla.
—¿Lo vas a hacer por inmobiliaria?
—No sé. Hay una familia, amiga de Romi, que necesitan una casa porque se les termina el contrato en diciembre y no pueden renovar. Pensaba hacerlo directamente con ellos.
—¿Son de confianza?
—Espero que sí.
—Bueno… ¿Cuánto vas a cobrar?
Se embarcaron en una discusión sobre los precios y los montos. Entre medio de los comentarios y las idas y vueltas, Sebastián la interrumpió y le dijo:
—Quiero que vivamos juntos.
—¿Eh? —preguntó ella que seguía envuelta en el tema y no se había percatado del cambio. El auto detenido en un semáforo y los ojos marrones de él que la observaban esperando una respuesta.
—Quiero que vivamos juntos. —repitió y agregó—; Esto de ir y venir entre tu casa y la mía, ya no da para más.
—Emmm…
—Pensalo. —arrancó y a los pocos minutos llegaron al pub donde Paula daría su show.
Entraron, buscaron una mesa alejada del escenario; el único lugar que encontraron y se acomodaron. Sebastián esperaba con ansias a que ella le dijera algo, pero… Gastón se acercó a saludar, se sentó en su mesa y hasta que Paula no apareció en la tarima, no se retiró. La voz tan dulce de ella, ocupó el lugar y capturó los sentidos de los presentes. El repertorio varió entre baladas en inglés y en español. Todos aplaudían con ganas al finalizar cada canción hasta que…
—Bueno, esta ha sido mi última canción. Les agradezco infinitamente que hayan venido hasta acá; para mí es una noche muy especial.
—¡Otra! ¡Otra! ¡Otra! —gritaba la audiencia, ávida por seguir oyéndola.  
—Bueno… Está bien. —sonrió con picardía porque nunca, jamás, la última canción se anuncia. Siempre hay algún bonus track que los cantantes suelen regalar. —Esta última canción tiene una dedicatoria especial. Un amigo me pidió que se la dedicara a la mujer que ama. Sandra, ¿Dónde estás? —Sandra levantó la mano desde el fondo del bar y todo el mundo se giró en sus asientos para verla. —¡Decile que sí!
La pista de una melodía muy reconocida inundó el lugar y Sandra no tuvo ojos para nadie más que para Sebastián. Paula cantaba “Castillo azul” de Ricardo Montaner y en la letra iba también la propuesta que le había hecho en el auto. Así como ella le había cantado que lo amaba, él le proponía un futuro juntos a través de una canción.
Poco a poco voy mostrándote el lugar
Pondremos las persianas y el sofá
Y un candelabro antiguo aquí
Un cesto de flores en medio del zaguán
Poco a poco y al desnudo en el salón
No han puesto las alfombras y es mejor
Porque el amor calienta el sol
El frío del piso y al hielo del polo sur
En este castillo azul se escribirá una historia
Basada en nosotros dos
En el momento pleno de hacernos sexo
A orillas del mesón
Ven y te explico lo que somos
En nuestra habitación
Una paloma y un jilguero
En vuelo de estación
Emigrando al árbol del limón
Elevando un grito hasta amanecer
Encima de tu piel

—¡Bravo! —aullaba la muchedumbre que poco vio del movimiento de los dos que se habían parado a bailar y sentir esa canción.
Los brazos alrededor del cuerpo del otro, en el lugar perfecto, donde siempre debieron estar. En sus ojos se proyectó una película: el hospital, el dolor y la muerte, las noches en hoteles alojamientos, las risas, las miradas cómplices, las discusiones, el abandono, los dos años separados, el encuentro en el colectivo. Juan Manuel y Tamara. El estacionamiento de Jurere, la lluvia y la rueda de auxilio, las lágrimas, las confesiones, las segundas oportunidades. La aceptación y el abrazar las luces y las sombras del otro como si fuesen las propias.
Todo eso y más en aquella última canción.
—¡Sí! —le susurró en el oído.
—Gracias. —le acomodó el cabello al costado de la oreja y la besó con dulzura.
—Gracias a vos. Por amarme a pesar de todo.
—Gracias por enseñarme que el amor todo lo puede. Incluso mira, hasta logró que bailara.



Epílogo

Seis años después.

—Buenas tardes. Mi nombre es Sandra Rodriguez. Voy a ser su Profesora de Historia. Me gustaría preguntarles, antes de empezar a presentar la materia, ¿Por qué creen que es tan importante saber Historia?
Ninguno de los treinta y tres adolescentes que tenía en frente respondió. Todos los años desde que se había recibido le pasaba igual. Tosió nerviosa y se dio vuelta para escribir la fecha en el pizarrón. Tomó aire y se volvió para enfrentarlos. Los miró. Uno a uno. Caminó a lo largo del salón observando los detalles que rodeaban a cada uno. Prestó atención. Llegó al final y se apoyó en la pared. Algunos se giraron para seguirla con la mirada. Sonrió y dijo;
—Amo la historia porque me ayuda a saber de donde vengo y a donde voy. Este año ustedes van a aprender de dónde venimos y porqué estamos cómo estamos.
La clase terminó y aunque fueron pocos los que se interesaron en lo que Sandra tenía para decir, salió de la escuela con una sonrisa. En la esquina la esperaba Sebastián con Toby, un perrito que habían rescatado durante el último verano.
—¿Cómo te fue? —la saludó con un beso sobrio. Ya había sido amonestado el día anterior cuando le había comido la boca a la salida de otra escuela.
—Hola, Toby, lindo de mamá. ¡A nadie le interesa la historia! ¡Cómo siempre!
—Son chicos. Mañana te tocan los más grandes y vas a ver que se van a interesar un poco más. Además, siempre empezás el año igual y después terminás adorándolos.
—Puede ser. Y… ¿Vos? ¿Cómo salió la reunión?
—¡Es nuestro! —de la emoción se olvidó donde estaban y lo abrazó, y lo besó por todos lados.
—¡Viste! Yo sabía que te iba a ir de diez.
—¿Vamos?
—Sí. Toby, arriba. ¡Vamos!
Llegaron a su casa, esa que eligieron los dos y remodelaron a su gusto en un barrio muy lindo de Haedo. Tomaron mate y Sebastián le dio detalles de la marca importante que había elegido a su empresa publicitaria para hacerle la campaña. Estaba feliz. Ella comentó un poco sobre las ideas que tenía para esos primeros días de clase y entre mimos y arrumacos se recostaron en el sillón.
—Mañana vamos a buscar a Isa. Se me ocurrió que pasemos un día en la laguna de Lobos o de Navarro. ¿Qué decís? —dijo refiriéndose a la hija de Pablo y de Cecilia.
—Sí. Es buena idea. —Sebastián miraba hacia la mesa del living con insistencia sin prestarle demasiada atención a las palabras de Sandra.

—¿Qué pasa?
—Nada, nada…
—No sabés mentir.
—¿Me alcanzás el control remoto?
—Sí, cla…—se detuvo cuando miró hacía la mesa ratona y vio un sobre blanco entreabierto. —¿Qué es eso?
—No sé. Fijate.
Sandra metió el dedo y sacó el papel donde la letra mayúscula de Sebastián se veía grande y prolija. Leyó enseguida y tuvo que volver a hacerlo porque no podía creer lo que sus ojos veían.
EL JUEVES NOS ESPERAN PARA CONOCER A DOS HERMANITOS.
Sandra lloró desconsoladamente. Sebastián la dejó hacer porque con esas lágrimas lavaban el dolor que le había provocado enterarse que no podía tener hijos. Enseguida, habían comenzado los trámites de adopción. Y esa mañana habían recibido un llamado, por fin.
—Vamos a tener una familia. —repetía incrédula.
—Así es. ¿Estás feliz?
—Tanto que siento que me va a explotar el corazón. ¡Te amo, Seba!
—¡Y yo a vos! —la besó con ganas, devorándose esos labios que tanto adoraba.
—¿Cómo serán? ¿Cuántos años tienen? ¿Sabés?
—Ocho y diez.
—¿Cómo se llaman? ¿Te dijeron?
—Ignacio y Francisco. —le dijo y el llanto regresó con más fuerza aún.
—Mis hijos…
—Nuestros hijos.

Fin

4 comentarios:

  1. Me encantó esta historia Eri!!! Muchas gracias ❤️❤️❤️

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  2. Amé el epílogo! No puedo decir más en este momento tan emocionante...gracias Erica!😘

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  3. Me encantó esta Historia!!! Gracias Erika por compartirla... 🥰

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  4. Ayyy Eri, estoy tan emocionada con esté final.
    Gracias, muchas gracias por esta hermosa historia.

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