—Gorda,
el viernes juega Boca. Vienen los chicos a ver el partido, sabes. ¿Te preparás
algo rico? —le dijo, mientras le acariciaba el cabello que le caía sobre las
piernas.
—¿Cuándo?
—El
viernes.
—¿éste
viernes? —El asintió. —No. El viernes termina la novela. Vienen las chicas a
ver el final. Te lo dije, Nahuel.
—¿Cuándo?
—ella se incorporó. Ya no sentía deseos de permanecer con la cabeza apoyada en
su regazo. —¿Cuándo me lo dijiste?
—El
otro día, en lo de tu mamá. Te dije que éste viernes terminaba la novela.
—Mírenla
en la tele de la pieza y listo. Yo y los chicos lo vemos acá. Además si Pablo
viene…Ceci también y Julieta con Rodri…
—¡No,
Nahuel! Yo quiero ver la novela acá. Vos siempre ves tus partidos en la pieza…
uno mas no te va a hacer nada.
—No
Paula. No voy a llevar la picada a la pieza. No voy a comer arriba de la cama.
Mira…—intentó abrazarla —…ustedes se pueden acostar en la cama, y babearse con
esos gansos todo lo que quieran. Y hasta… Bueno, ya que son todas minas,
calentitas… quien te dice…
—Sos
un pajero, Nahuel.
Él rio a carcajadas y ella
le respondió con un gesto esquivo que no tenía nada de agradable.
—¿A qué
hora es la novela?—suavizó. —Ay, Nahuel. La veo todos los días. ¡A las diez!
—Ah… Pero el partido es a las ocho. Para las diez ya terminó.
—Ahhhh… ¡Porque no lo dijiste antes!
—Porque no me preguntaste.
—¡Sos un salame, Nahuel! —Por fin rió.
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