Después de hacer el amor,
Carla y Sergio fumaban un cigarrillo, apoyados en el respaldo de la cama.
—Ser…
—¿Qué
pasó?
—¿Cuántas
veces vino Natalia a tu casa?
—¿Otra
vez?
—¿Qué?
Dale. Respóndeme.
—¡Que
se yo! Hace tanto… ya no me acuerdo, Carla.
—¡Dale!
¿Cómo no te vas a acordar? ¿Cuántas? ¿Cuánto tiempo era que salieron?
—Unos
meses. Nada más. Hablemos de otra cosa.
—Bueno…
Pongámosle seis meses. Nosotros llevamos ocho, yo ya vine como mínimo, dos
veces por semana… dos por cuatro, ocho. Ocho al mes. Ocho por Ocho…. Sesenta y
cuatro. Yo ya vine sesenta y cuatro veces.
Y si ustedes salieron seis meses son…
—Dejáte
de joder, Carla. ¡Qué importa cuántas veces vino!
—Bueno…
No te hagas el ofendido. Es un tema de conversación. Nada más.
—Ya
te expliqué que con ella, fueron solo una par de meses de cogida y nada más. Nada
formal.
—Y…
¿Es mejor que yo?
—
¿A qué te referís?
—
En la cama. ¿Coge mejor que yo?
—
No. Obvio que no. Con vos es distinto… lo
sabes. Yo a vos te quiero.
—
Sí. Bueno…
Por unos minutos, dejaron de
hablar. Siguieron disfrutando el cigarrillo, contemplando los detalles de la
habitación. Carla se mostraba meditabunda. Era obvio que la conversación acerca
de Natalia, no había terminado aún.
—¿Por
qué nunca me preguntás por Sebastián?—rompió el silencio de una vez.
—¿Tu
ex?
—Sí.
—No
me interesa.
—¿Por
qué?
—Porque
lo que está en el pasado, ya pasó. Ahora es hoy. Hoy estás conmigo. Y no me
importa lo que pasó antes.
—Me
gustaría que seas un poco más celoso.
—¿Para
qué?
—No
sé. Para sentir que me querés más, tal
vez.
—Bueno…
a ver… Contame de Sebastián. ¿Cómo era que lo conociste? —Ironizó.
—No.
Así, no. No te interesa.
—¡Dale!
¿Te vas a enojar, por esa pavada?—Ella se puso de pie, y caminó hasta el baño,
desnuda. Regresó a los pocos minutos con los ojos llenos de lágrimas.
—¿estás
llorando?
—No.
—Dale.
No te pongas así. Es una estupidez. —se incorporó, extendió el brazo y la tomo
por la cintura. Aunque al principio se resistió, se dejo caer, luego. El se
acostó a su lado y acariciándole el cabello, le dijo;—¿Queres que te cuente
como le dije a Natalia que estaba enamorado de vos?
Carla sonrió, se acopló a su
cuerpo y escuchó por enésima vez aquella historia que pertenecía a los dos.
hermosa!!!!!!!!!! pero eso no ocurre...en relidad se termina todo pudriendo!!! jaajajjaja
ResponderEliminarMuy bueno el desenlace, no es previsible.
ResponderEliminar