Hoy tenemos el agrado de entrevistar a Lorena Manzetti, la ganadora
olímpica de nuestro querido pueblo. Como ustedes saben, Lorena nació en
Pedernales. Hija de Silvio Manzetti y de María José López. Tiene una hermana de
diecisiete años y un hermano de quince. Todos conocemos su historia; su mamá
falleció dando a luz al más chico. ¿No es así, Lorena?
—Así es, Carlos.
Buenas tardes a todos.
—Lorena…
honestamente, no sé por dónde empezar. No sé qué preguntarte. Arranquemos con
lo que más le interesa a la audiencia. Contános cómo fue que llegaste hasta los
juegos olímpicos.
—Emmm… Bueno. Es
una historia larga que…
—Somos todo oído.
Tenemos dos horas para conversar y saber, entre otras cosas, por qué ya no vivís
en el pueblo y como es la rutina de una deportista olímpica. Y muchas cosas más.
Pero no te quiero marear. ¿Cómo fue que nació en vos la pasión por el salto en alto?
—Mirá. La pasión
la descubrí mucho después. Al principio, solo me gustaba saltar. Saltaba los
tachos de maíz. Los alambrados. Confieso que me ligué unos cuantos retos por
andar saltando todo lo que se me cruzaba. Y bueno… crecí. Me anoté en el equipo
de atletismo del pueblo y ahí conocí a Matías.
—Contále a la
audiencia quién es Matías.
—En ese momento, Matías
era el entrenador y yo apenas una nena de 13 años a la que le gustaba
saltar. Ahora, bueno, es mi pareja.
—¿Y cómo fue que
descubriste esa pasión, que decís que no se te dio si no hasta más tarde?
—Matías me enseñó
muchas cosas. Juntos probamos muchos deportes. Hasta que un día me vio saltar
una barra que estaba armada para una de las chicas y me dijo; “esto es lo
tuyo”. Y de ahí, no paré. Para mí fue un placer descubrir que algo que me
gustaba tanto como saltar, se convirtiera en mi carrera deportiva. Estaba
feliz.
—¿y tu familia?
—No tanto.
Desafortunadamente, mamá ya estaba enferma y papá me necesitaba en casa, en el
campo. Había que trabajar.
—¿y qué hiciste?
—Trabajaba de día
en el campo y a la tardecita, Matías me venía a buscar para entrenar. Entrenábamos
hasta las doce o una de la madrugada.
—Increíble. ¿y
tus papás, te dejaban ir?
—Al principio,
no. Se negaron una y otra vez. Pero yo era más testaruda que ellos. Así que con
la ayuda de mi abuela, que me cubría y de Matías, me escapaba a entrenar casi
todos los días. Así por tres años.
—Y luego…
falleció tu mamá.
—Ajam. Cuando
nació Gerónimo, mamá se puso muy mal. Y a los pocos días, falleció.
—¿y qué paso con
el deporte entonces?
—Lo dejé
completamente. A los dieciséis, me dediqué a mi papá, y a mis hermanos.
—¿Pero por cuánto
tiempo?
—Un año. Mi
abuela convenció a papá que tenía que seguir. No sé como lo hizo, pero una
mañana cuando volví de llevar a mi hermana al colegio, me encontré a Matías
hablando con mi viejo en el patio. Y desde ese día, hasta hoy, diez años
después, no paré más.
—Seguiste
viviendo en Pedernales un tiempo más, pero luego te fuiste… ¿Por qué?
—Mi papá se las
arreglaba muy bien. Matías y yo empezamos a salir y él quería que yo creciera.
Me empezó a llevar a competencias. Pero cada vez se no hacía más difícil viajar
y movernos. Entonces, me propuso mudarnos a Buenos Aires.
—Y te fuiste.
—Así es.
—¡Qué historia!
Una historia de tenacidad y perseverancia ¿no? ¿Crees que ya estabas destinada
a ser una deportista de este nivel?
—No. Lo que
tengo, me lo gané. Me esforcé y salí adelante. Me refugié en el deporte y a él
le debo todo. Por eso, le dedicó cada día de mi vida. No creo en esa pavada del
destino. El destino lo hace uno.
—Entonces no
crees en eso que dicen del destino, ¿Qué cada cosa que nos pasa es porque nos
tiene que pasar? Que ya lo tenemos marcado.
—No… para nada.
Yo creo que según las decisiones que tomés, va a ser el resultado de tu vida.
Cuando yo tomé la decisión de entrenar y convertirme en una buena atleta,
marqué mi camino. Lo hice yo. Yo solita. Al igual que Mati y mi papá. Todos
tomamos nuestros rumbos y decidimos cómo queremos seguir. Esa es mi filosofía.
Cada cual con lo suyo.
—Sí. Tal cual.
Bueno. Gente querida…vamos a hacer una pausa y enseguida regresamos con más de
Lorena Manzetti, un orgullo Nacional y de nuestro Pedernales, claramente.
Quédese ahí que ya volvemos con más “Pedernales te cuenta”.
Retrata fielmente mi postura en base al destino, concuerdo con Lorena
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