viernes, 14 de octubre de 2016

El destino de Lorena



Hoy tenemos el agrado de entrevistar a Lorena Manzetti, la ganadora olímpica de nuestro querido pueblo. Como ustedes saben, Lorena nació en Pedernales. Hija de Silvio Manzetti y de María José López. Tiene una hermana de diecisiete años y un hermano de quince. Todos conocemos su historia; su mamá falleció dando a luz al más chico. ¿No es así, Lorena?
                —Así es, Carlos. Buenas tardes a todos.
                —Lorena… honestamente, no sé por dónde empezar. No sé qué preguntarte. Arranquemos con lo que más le interesa a la audiencia. Contános cómo fue que llegaste hasta los juegos olímpicos.
                —Emmm… Bueno. Es una historia larga que…
                —Somos todo oído. Tenemos dos horas para conversar y saber, entre otras cosas, por qué ya no vivís en el pueblo y como es la rutina de una deportista olímpica. Y muchas cosas más. Pero no te quiero marear. ¿Cómo fue que nació en vos la pasión por el salto en alto?
                —Mirá. La pasión la descubrí mucho después. Al principio, solo me gustaba saltar. Saltaba los tachos de maíz. Los alambrados. Confieso que me ligué unos cuantos retos por andar saltando todo lo que se me cruzaba. Y bueno… crecí. Me anoté en el equipo de atletismo del pueblo y ahí conocí a Matías.
                —Contále a la audiencia quién es Matías.
                —En ese momento, Matías era el entrenador y yo apenas una nena de 13 años a la que le gustaba saltar.  Ahora, bueno, es mi pareja.
                —¿Y cómo fue que descubriste esa pasión, que decís que no se te dio si no hasta más tarde?
                —Matías me enseñó muchas cosas. Juntos probamos muchos deportes. Hasta que un día me vio saltar una barra que estaba armada para una de las chicas y me dijo; “esto es lo tuyo”. Y de ahí, no paré. Para mí fue un placer descubrir que algo que me gustaba tanto como saltar, se convirtiera en mi carrera deportiva. Estaba feliz.
                —¿y tu familia?
                —No tanto. Desafortunadamente, mamá ya estaba enferma y papá me necesitaba en casa, en el campo. Había que trabajar.
                —¿y qué hiciste?
                —Trabajaba de día en el campo y a la tardecita, Matías me venía a buscar para entrenar. Entrenábamos hasta las doce o una de la madrugada.
                —Increíble. ¿y tus papás, te dejaban ir?
                —Al principio, no. Se negaron una y otra vez. Pero yo era más testaruda que ellos. Así que con la ayuda de mi abuela, que me cubría y de Matías, me escapaba a entrenar casi todos los días. Así por tres años.
                —Y luego… falleció tu mamá.
                —Ajam. Cuando nació Gerónimo, mamá se puso muy mal. Y a los pocos días, falleció.
                —¿y qué paso con el deporte entonces?
                —Lo dejé completamente. A los dieciséis, me dediqué a mi papá, y a mis hermanos.
                —¿Pero por cuánto tiempo?
                —Un año. Mi abuela convenció a papá que tenía que seguir. No sé como lo hizo, pero una mañana cuando volví de llevar a mi hermana al colegio, me encontré a Matías hablando con mi viejo en el patio. Y desde ese día, hasta hoy, diez años después, no paré más.
                —Seguiste viviendo en Pedernales un tiempo más, pero luego te fuiste… ¿Por qué?
                —Mi papá se las arreglaba muy bien. Matías y yo empezamos a salir y él quería que yo creciera. Me empezó a llevar a competencias. Pero cada vez se no hacía más difícil viajar y movernos. Entonces, me propuso mudarnos a Buenos Aires.
                —Y te fuiste.
                —Así es.
                —¡Qué historia! Una historia de tenacidad y perseverancia ¿no? ¿Crees que ya estabas destinada a ser una deportista de este nivel?
                —No. Lo que tengo, me lo gané. Me esforcé y salí adelante. Me refugié en el deporte y a él le debo todo. Por eso, le dedicó cada día de mi vida. No creo en esa pavada del destino. El destino lo hace uno.
                —Entonces no crees en eso que dicen del destino, ¿Qué cada cosa que nos pasa es porque nos tiene que pasar? Que ya lo tenemos marcado.
                —No… para nada. Yo creo que según las decisiones que tomés, va a ser el resultado de tu vida. Cuando yo tomé la decisión de entrenar y convertirme en una buena atleta, marqué mi camino. Lo hice yo. Yo solita. Al igual que Mati y mi papá. Todos tomamos nuestros rumbos y decidimos cómo queremos seguir. Esa es mi filosofía. Cada cual con lo suyo.
                —Sí. Tal cual. Bueno. Gente querida…vamos a hacer una pausa y enseguida regresamos con más de Lorena Manzetti, un orgullo Nacional y de nuestro Pedernales, claramente. Quédese ahí que ya volvemos con más “Pedernales te cuenta”.

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