jueves, 17 de septiembre de 2015

Quiero. Un canto al consumismo.



Queremos todos. Los de arriba y los de abajo. Queremos. Queremos. Queremos. Nadie va impedir que consigamos lo que queremos. Nos merecemos todo lo que tenemos y todo lo que queremos.  Sin embargo, no sabemos por qué es que lo queremos. 


Palermo.  Sábado 16:30 hs. Laurita y su mamá pasean por el Alto Palermo Shopping.
—Quiero eso, má. —Le dijo con las dos manitos pegadas en la vidriera de una juguetería.
—No, Lau. Mamá no te va a comprar eso.
—¿Por qué?
—Por qué no lo necesitás. Tenés muchísimos juguetes en casa… Más de los que usas.—La nena de nueve años, la miró azorada.  
—Y vos… ¿Necesitas tantos pares de zapatos? 


Lobos. Viernes feriado 20:30 hs. Dos amigos en una salida de pesca.
—¿Trajiste la carnada para mañana, gordo?
—Sí. Está en la heladerita. —Respondió  él, mientras preparaba el asado.
—No tengo señal acá. —el otro, caminaba alrededor de la parrilla, en busca de las tan ansiadas barritas. —Este celular de mierda…
—¿Cuál es? —preguntó. Extendió la mano, no sin antes limpiárselas con el pantalón,  para recibir el aparato gigante que, prácticamente le ocupaba toda la palma. —Ah. Sí. ¡Qué raro! Dicen que es bárbaro éste.
—No sé. Yo quería uno con tapita. Uno común. Uno con el que pudiera recibir llamadas, mensajes. Y me dieron esta porquería…Encima, ahora con esta bosta del Whatsapp… que solo anda cuando tenés internet…
—Pero es gratarola, negro. Está genial eso. —Al ver la cara de enojo de su amigo, agregó; —Y entonces, ¿Para qué carajo te lo compraste?
—No sé. Porque todos decían que es bárbaro y… bueno…


Marisa y Juana en un gimnasio de Padua. Lunes,  8:10 hs.
—¿Viste la cara que puso Natalia, cuando me vio?
—Sí. Se quería matar.
—¿ Que se creía? Que ella es la única que podía comprarse esas zapatillas. No, chiquita.
—Sí. Además, le quedan horribles. Vos porque sabes combinar las cosas, los colores. Ella con esas zapatillas de running, parece una ridícula. Y ni te digo cuando… cuando… traía esas blancas, feas. Todos los días con las mismas…
—Mal.
—¡Shh! Ahí viene.
—¡Hola Nati! ¡Qué lindas zapatillas!—exclamaron las dos. 


Juan y sus dos hijos en el Shopping de Morón. Después de ver una película. Miércoles 20:40 hs.
—Pa, ¿Qué vamos a comer?—Quiso saber el más grande.
—¿Eh?
—Sí. ¿Qué vamos a comer?—Insistió el otro.
—Recién terminamos los pochoclos y los nachos. Todavía tenemos gaseosa. No pueden  tener hambre.
—Quiero una hamburguesa. —Dijo el más pequeño, mientras lo tironeaba del brazo.
—No, chicos. Si quieren, les compro un heladito. Nada más.
—Dale, pá. Una hamburguesa de Mc y después el heladito. —el hijo más grande le guiñó el ojo.
—No.
—Dale papi. Por  favor. —Seguía empujándolo a través de la gente, en el patio de comidas.
—Dije que no. No me alcanza la plata.
—Ponelo en la tarjeta. 


Un vendedor de Fravega y una posible compradora en Escobar. Martes 17:30.
—…Entonces, usted me dice, que la garantía me cubre un año.
—Así es, señora.
—Y al contado es…
—Seis mil setecientos ochenta y dos.
—Y con tarjeta, en doce cuotas….
—Doce cuotas de seiscientos noventa y nueve pesos.
—Ah. Es más caro.
—Un poquito. Siempre hay intereses. Usted sabe…
—Sí. Ya veo. Deme un minutito. La voy a llamar a mi hija. —Tomó el teléfono, y habló;
—Hola nena… Acá estoy. Sí.  En Fravega. Sale 6782 al contado ó… No. No te preocupes por eso. La vieja, la dejo para cuando viene visita.

1 comentario:

  1. Muy buena la manera de contar este modo de vida, en el que todos, en mayor o menor medida, estamos insertos.

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