Queremos todos. Los de arriba y los de abajo. Queremos.
Queremos. Queremos. Nadie va impedir que consigamos lo que queremos. Nos
merecemos todo lo que tenemos y todo lo que queremos. Sin embargo, no sabemos por qué es que lo
queremos.
Palermo. Sábado 16:30 hs. Laurita y su mamá pasean por
el Alto Palermo Shopping.
—Quiero eso,
má. —Le dijo con las dos manitos pegadas en la vidriera de una juguetería.
—No, Lau.
Mamá no te va a comprar eso.
—¿Por qué?
—Por qué no
lo necesitás. Tenés muchísimos juguetes en casa… Más de los que usas.—La nena
de nueve años, la miró azorada.
—Y vos…
¿Necesitas tantos pares de zapatos?
Lobos. Viernes feriado 20:30 hs. Dos
amigos en una salida de pesca.
—¿Trajiste
la carnada para mañana, gordo?
—Sí. Está en
la heladerita. —Respondió él, mientras preparaba
el asado.
—No tengo
señal acá. —el otro, caminaba alrededor de la parrilla, en busca de las tan
ansiadas barritas. —Este celular de mierda…
—¿Cuál es?
—preguntó. Extendió la mano, no sin antes limpiárselas con el pantalón, para recibir el aparato gigante que,
prácticamente le ocupaba toda la palma. —Ah. Sí. ¡Qué raro! Dicen que es
bárbaro éste.
—No sé. Yo
quería uno con tapita. Uno común. Uno con el que pudiera recibir llamadas,
mensajes. Y me dieron esta porquería…Encima, ahora con esta bosta del Whatsapp…
que solo anda cuando tenés internet…
—Pero es
gratarola, negro. Está genial eso. —Al ver la cara de enojo de su amigo,
agregó; —Y entonces, ¿Para qué carajo te lo compraste?
—No sé.
Porque todos decían que es bárbaro y… bueno…
Marisa y Juana en un gimnasio de
Padua. Lunes, 8:10 hs.
—¿Viste la
cara que puso Natalia, cuando me vio?
—Sí. Se
quería matar.
—¿ Que se
creía? Que ella es la única que podía comprarse esas zapatillas. No, chiquita.
—Sí. Además,
le quedan horribles. Vos porque sabes combinar las cosas, los colores. Ella con
esas zapatillas de running, parece una ridícula. Y ni te digo cuando… cuando… traía
esas blancas, feas. Todos los días con las mismas…
—Mal.
—¡Shh! Ahí
viene.
—¡Hola Nati!
¡Qué lindas zapatillas!—exclamaron las dos.
Juan y sus dos hijos en el Shopping
de Morón. Después de ver una película. Miércoles 20:40 hs.
—Pa, ¿Qué
vamos a comer?—Quiso saber el más grande.
—¿Eh?
—Sí. ¿Qué
vamos a comer?—Insistió el otro.
—Recién
terminamos los pochoclos y los nachos. Todavía tenemos gaseosa. No pueden tener hambre.
—Quiero una
hamburguesa. —Dijo el más pequeño, mientras lo tironeaba del brazo.
—No, chicos.
Si quieren, les compro un heladito. Nada más.
—Dale, pá.
Una hamburguesa de Mc y después el heladito. —el hijo más grande le guiñó el
ojo.
—No.
—Dale papi.
Por favor. —Seguía empujándolo a través
de la gente, en el patio de comidas.
—Dije que
no. No me alcanza la plata.
—Ponelo en
la tarjeta.
Un vendedor de Fravega y una posible
compradora en Escobar. Martes 17:30.
—…Entonces,
usted me dice, que la garantía me cubre un año.
—Así es,
señora.
—Y al
contado es…
—Seis mil
setecientos ochenta y dos.
—Y con
tarjeta, en doce cuotas….
—Doce cuotas
de seiscientos noventa y nueve pesos.
—Ah. Es más
caro.
—Un poquito.
Siempre hay intereses. Usted sabe…
—Sí. Ya veo.
Deme un minutito. La voy a llamar a mi hija. —Tomó el teléfono, y habló;
—Hola nena…
Acá estoy. Sí. En Fravega. Sale 6782 al
contado ó… No. No te preocupes por eso. La vieja, la dejo para cuando viene
visita.
Muy buena la manera de contar este modo de vida, en el que todos, en mayor o menor medida, estamos insertos.
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