sábado, 1 de agosto de 2015

Convención Abierta de Animales



—Hola. Hola. —probó el micrófono para ver si funcionaba como debía mientras su ayudante lo ajustaba a su altura. Le habían colocado un dispositivo especial para que, desde su oficina en el Océano Pacifico, pueda transmitir su discurso. Del otro lado, un grupo reconocido de animales, más conocidos como el Comité General, oirían lo que tenía para decir el presidente de la Asociación de Animales Acuáticos.
Los problemas se sucedían con más frecuencia y la necesidad de resolver los conflictos desembocaba en un sinfín de audiencias, convenciones y reuniones. Se habían elegido a los animales más inteligentes del mundo para discernir y llevar a cabo planes de mejora y contención para erradicar el grave problema que los aquejaba: el hombre.
El delfín fue elegido como el líder de los animales acuáticos por su tremenda inteligencia, su sentido común y su corazón noble. Según sus pares, era el indicado de tomar las decisiones necesarias para salvar los océanos de una vez por todas. Tras una peleada elección, venció al tiburón y al pulpo y se convirtió en el presidente de la Asociación. Hoy era su turno de parlamentar e informar sobre los últimos acontecimientos.
Una pantalla había sido instalada en su oficina y en quince minutos se pondría en contacto con los demás miembros del comité: El elefante, la ardilla, el cuervo y el chimpancé.
Repasó los puntos importantes a tratar y volvió a ojear los informes que su asistente le había entregado una semana atrás. Allí se detallaban las características de los líderes elegidos a lo largo y a lo ancho del planeta, con los que departiría en unos minutos. Cada uno contaba con una habilidad o característica clave para llevar a cabo su plan de contienda y resistencia. Se acomodó en la silla y leyó;
 “La ardilla posee la capacidad de recolectar, guardar y racionar cualquier cosa. En los tiempos que corren nos vemos en la obligación de aprender a organizarnos para no morir de hambre. Confiamos en que la ardilla nos guie y nos muestre como podemos hacer para racionar nuestro alimentos y así, afrontar la hambruna que sabemos caerá sobre nosotros en cualquier momento.” Se sorprendió porque lo único que había oído de ella eran comentarios sobre su tamaño. Si formaba parte del comité era porque debía ser lo suficientemente inteligente y capaz. Continuó leyendo; “El cuervo es el principal representante de las aves y debido a su habilidad de comunicarse con sus pares, se lo ha elegido para discernir en el comité. Si bien se muestra reacio a las reuniones y tiende a recluirse en su hábitat, posee una gran capacidad de resolver cualquier problema que se le presente. Es capaz de todo” Al margen de la hoja notó un comentario en lápiz y reconoció la caligrafía de su asistente. “Tiene el apoyo de todas y cada una de las aves. Tiene mucho potencial. Su opinión es vital.” Sonrió y meditó sobre la nota. Si su asistente lo decía, así debía ser. Más abajo, un párrafo largo se extendía sobre las características del elefante. Se salteó varias líneas y recayó en el final. “Su memoria y su compasión hacia las demás especies lo han llevado a ser parte de este grupo selecto. Además, es hábil en el reconocimiento y la detección de alimentos peligrosos. Esta capacidad nos ayudaría a detectar la comida envenenada que nuestros enemigos propagan para exterminarnos” Sintió pena de no poder conocerlo en persona. Obviamente debido a su condición, el nunca saldría del agua y sus encuentros siempre serian a través de ese medio. El último era el chimpancé de quien todo el reino animal dudaba debido a sus semejanzas con el hombre. Nadie ponía en duda sus capacidades aunque siempre la incertidumbre y las suposiciones se tejían a su alrededor. “Prácticamente puede comunicarse con los humanos... es capaz de utilizar símbolos de referencia para la comunicación, tiene una gran capacidad intelectual y creemos que es el único que puede llegar a infiltrarse en el mundo del hombre y así proveernos de la información necesaria para llevar a cabo nuestros planes…”
La luz de la pantalla se encendió y allí estaban los cuatro miembros sentados en una mesa larga a la espera de las últimas novedades.  
—Buenas tardes a todos. — habló el delfín y esperó a que llegaran sus palabras.
—Buenas tardes. — respondieron del otro lado.
La reunión duró horas y tras un largo discurso del delfín, que expuso sus planes y opiniones, no llegaron a ponerse de acuerdo con las decisiones a tomar. Todos contaban con puntos de vista diferentes e inmediatamente la división de ideales reinó en la reunión. El presidente de la Asociación de Animales Acuáticos pretendía perdonarle la vida a los humanos y solamente castigar a quienes los lastimasen. Afortunadamente, contaba con el apoyo del elefante. Por otro lado el cuervo solamente quería vengar a todos sus compañeros caídos en los derrames de petróleo, en la caza indiscriminada y en tantas otras fechorías que el hombre llevaba a cabo. Según él, había que exterminarlos a todos. Se comunicaría con las palomas, grandes portadoras de pestes, para lograr su cometido.
La ardilla casi no opinó y trató de mantenerse al margen de las discusiones y de los pleitos. Cuando se le preguntó, respondió: “Yo apoyo a la mayoría” y siguió disfrutando de los manjares servidos. El chimpancé fue el último en hablar, lo que le permitió ordenar sus pensamientos y así elaborar su punto de vista. Sus palabras llegaban con latencia al delfín quien escuchaba con paciencia. Expresó su opinión acerca de los hombres, habló de los experimentos que éstos llevan a cabo,  y de la rabia y la impotencia que sus actos causan en el reino animal. Si bien entendía la razón que el cuervo había dado, concluyó que no era la solución. Esgrimió mil fundamentos en los que se basaban sus opiniones y dejo boquiabiertos tanto a los integrantes del comité como a los asistentes de ambos lados.
—No estoy de acuerdo con que seamos nosotros cinco los que decidamos la suerte de los hombres. ¿Quiénes somos? He leído los informes y los planes que cada uno de ustedes ha elaborado y creo que no estamos a la altura de las circunstancias. Repito; ¿Quiénes somos nosotros para decidir? Ustedes hablan de infiltrar a uno de los míos en algún laboratorio para ver cómo operan los humanos. Hablan de venganza y de resentimiento. Entonces pienso; si lo hacemos… ¿en que nos estamos convirtiendo? —El silencio reinaba en la sala de conferencia— Nos estamos convirtiendo en ellos. Queriendo pagarles con la misma moneda. Contamos con capacidades que van más allá del raciocinio humano y sin embargo aquí estamos; elaborando un plan para acabar con su especie. Tal y como deben estar haciendo ellos ahora mismo. Entonces, mis amigos redundo en lo mismo y caigo en la triste conclusión: No somos mejores que ellos, somos iguales. —Como vio que nadie opinaba y en cambio se sumían en sus propios pensamientos, continuó— Amigos… sabemos que todos los hombres no son iguales. Algunos son malos, otro buenos. No todos quieren acabar con nosotros y beneficiarse. Creo que la ley del ojo por ojo no nos llevaría a ningún lado. Hay que ser inteligentes.
—¿Qué propones? —Dijo el delfín.
—Propongo invitar a uno de ellos para que dialogue con nosotros y entre todos decidíamos lo que nos conviene.  
Continuará…

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