—Hola. Hola. —probó
el micrófono para ver si funcionaba como debía mientras su ayudante lo ajustaba
a su altura. Le habían colocado un dispositivo especial para que, desde su
oficina en el Océano Pacifico, pueda transmitir su discurso. Del otro lado, un
grupo reconocido de animales, más conocidos como el Comité General, oirían lo
que tenía para decir el presidente de la Asociación de Animales Acuáticos.
Los problemas se
sucedían con más frecuencia y la necesidad de resolver los conflictos
desembocaba en un sinfín de audiencias, convenciones y reuniones. Se habían
elegido a los animales más inteligentes del mundo para discernir y llevar a
cabo planes de mejora y contención para erradicar el grave problema que los
aquejaba: el hombre.
El delfín fue elegido
como el líder de los animales acuáticos por su tremenda inteligencia, su
sentido común y su corazón noble. Según sus pares, era el indicado de tomar las
decisiones necesarias para salvar los océanos de una vez por todas. Tras una
peleada elección, venció al tiburón y al pulpo y se convirtió en el presidente
de la Asociación. Hoy era su turno de parlamentar e informar sobre los últimos
acontecimientos.
Una pantalla había
sido instalada en su oficina y en quince minutos se pondría en contacto con los
demás miembros del comité: El elefante, la ardilla, el cuervo y el chimpancé.
Repasó los puntos
importantes a tratar y volvió a ojear los informes que su asistente le había
entregado una semana atrás. Allí se detallaban las características de los
líderes elegidos a lo largo y a lo ancho del planeta, con los que departiría en
unos minutos. Cada uno contaba con una habilidad o característica clave para
llevar a cabo su plan de contienda y resistencia. Se acomodó en la silla y
leyó;
“La
ardilla posee la capacidad de recolectar, guardar y racionar cualquier cosa. En
los tiempos que corren nos vemos en la obligación de aprender a organizarnos
para no morir de hambre. Confiamos en que la ardilla nos guie y nos muestre
como podemos hacer para racionar nuestro alimentos y así, afrontar la hambruna
que sabemos caerá sobre nosotros en cualquier momento.” Se sorprendió
porque lo único que había oído de ella eran comentarios sobre su tamaño. Si
formaba parte del comité era porque debía ser lo suficientemente inteligente y
capaz. Continuó leyendo; “El cuervo es el
principal representante de las aves y debido a su habilidad de comunicarse con
sus pares, se lo ha elegido para discernir en el comité. Si bien se muestra
reacio a las reuniones y tiende a recluirse en su hábitat, posee una gran
capacidad de resolver cualquier problema que se le presente. Es capaz de todo”
Al margen de la hoja notó un comentario en lápiz y reconoció la caligrafía de
su asistente. “Tiene el apoyo de todas y
cada una de las aves. Tiene mucho potencial. Su opinión es vital.” Sonrió y
meditó sobre la nota. Si su asistente lo decía, así debía ser. Más abajo, un
párrafo largo se extendía sobre las características del elefante. Se salteó
varias líneas y recayó en el final. “Su
memoria y su compasión hacia las demás especies lo han llevado a ser parte de
este grupo selecto. Además, es hábil en el reconocimiento y la detección de
alimentos peligrosos. Esta capacidad nos ayudaría a detectar la comida
envenenada que nuestros enemigos propagan para exterminarnos” Sintió pena
de no poder conocerlo en persona. Obviamente debido a su condición, el nunca
saldría del agua y sus encuentros siempre serian a través de ese medio. El
último era el chimpancé de quien todo el reino animal dudaba debido a sus
semejanzas con el hombre. Nadie ponía en duda sus capacidades aunque siempre la
incertidumbre y las suposiciones se tejían a su alrededor. “Prácticamente puede comunicarse con los
humanos... es capaz de utilizar símbolos de referencia para la comunicación,
tiene una gran capacidad intelectual y creemos que es el único que puede llegar
a infiltrarse en el mundo del hombre y así proveernos de la información
necesaria para llevar a cabo nuestros planes…”
La luz de la pantalla
se encendió y allí estaban los cuatro miembros sentados en una mesa larga a la
espera de las últimas novedades.
—Buenas tardes a
todos. — habló el delfín y esperó a que llegaran sus palabras.
—Buenas tardes. —
respondieron del otro lado.
La reunión duró horas
y tras un largo discurso del delfín, que expuso sus planes y opiniones, no
llegaron a ponerse de acuerdo con las decisiones a tomar. Todos contaban con
puntos de vista diferentes e inmediatamente la división de ideales reinó en la
reunión. El presidente de la Asociación de Animales Acuáticos pretendía
perdonarle la vida a los humanos y solamente castigar a quienes los lastimasen.
Afortunadamente, contaba con el apoyo del elefante. Por otro lado el cuervo
solamente quería vengar a todos sus compañeros caídos en los derrames de
petróleo, en la caza indiscriminada y en tantas otras fechorías que el hombre
llevaba a cabo. Según él, había que exterminarlos a todos. Se comunicaría con
las palomas, grandes portadoras de pestes, para lograr su cometido.
La ardilla casi no
opinó y trató de mantenerse al margen de las discusiones y de los pleitos.
Cuando se le preguntó, respondió: “Yo apoyo a la mayoría” y siguió disfrutando
de los manjares servidos. El chimpancé fue el último en hablar, lo que le
permitió ordenar sus pensamientos y así elaborar su punto de vista. Sus
palabras llegaban con latencia al delfín quien escuchaba con paciencia. Expresó
su opinión acerca de los hombres, habló de los experimentos que éstos llevan a
cabo, y de la rabia y la impotencia que
sus actos causan en el reino animal. Si bien entendía la razón que el cuervo
había dado, concluyó que no era la solución. Esgrimió mil fundamentos en los
que se basaban sus opiniones y dejo boquiabiertos tanto a los integrantes del
comité como a los asistentes de ambos lados.
—No estoy de acuerdo
con que seamos nosotros cinco los que decidamos la suerte de los hombres.
¿Quiénes somos? He leído los informes y los planes que cada uno de ustedes ha
elaborado y creo que no estamos a la altura de las circunstancias. Repito;
¿Quiénes somos nosotros para decidir? Ustedes hablan de infiltrar a uno de los
míos en algún laboratorio para ver cómo operan los humanos. Hablan de venganza
y de resentimiento. Entonces pienso; si lo hacemos… ¿en que nos estamos
convirtiendo? —El silencio reinaba en la sala de conferencia— Nos estamos
convirtiendo en ellos. Queriendo pagarles con la misma moneda. Contamos con
capacidades que van más allá del raciocinio humano y sin embargo aquí estamos;
elaborando un plan para acabar con su especie. Tal y como deben estar haciendo
ellos ahora mismo. Entonces, mis amigos redundo en lo mismo y caigo en la
triste conclusión: No somos mejores que ellos, somos iguales. —Como vio que
nadie opinaba y en cambio se sumían en sus propios pensamientos, continuó—
Amigos… sabemos que todos los hombres no son iguales. Algunos son malos, otro
buenos. No todos quieren acabar con nosotros y beneficiarse. Creo que la ley
del ojo por ojo no nos llevaría a ningún lado. Hay que ser inteligentes.
—¿Qué propones? —Dijo
el delfín.
—Propongo invitar a
uno de ellos para que dialogue con nosotros y entre todos decidíamos lo que nos
conviene.
Continuará…
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