Todas las
mañanas piensa que ese va a ser el día en que el amor golpeará su puerta. No
cualquier amor, el amor verdadero. El amor para toda la vida. Se maquilla, se
arregla, luce su mejor sonrisa. Todos los días vuelve creyendo que Cupido la ha
alejado definitivamente de sus planes. No hay mas flechas para ella. Sus días son un
vaivén de emociones que van desde la aceptación de uno mismo, a un análisis
completo de los defectos, de los miedos y de los errores que la llevan a estar
sola.
Sufrió mil desilusiones
que la volvieron dura, reacia y desconfiada. Cree que esa la razón de su
soledad. Le echa la culpa a su exigencia y a su sinceridad. Nada compensa el
dolor que le causan las heridas provocadas por un beso sin sentimientos, una
caricia manchada de mentira o un llamado sin contestar. Todo le demuestra que el amor no es para
ella.
Da vueltas en
la cama imaginando una vida repleta de contención, de apoyo y sobre todo de
amor. Del amor verdadero. Llora, se enoja, ríe. Sufre en silencio. Aun no sabe
que su plan está detallado, su destino está marcado. Que él está ahí,
esperándola. Ella no lo vio aun. Sigue
creyendo que todo le cuesta, que no puede consigo misma y con sus miedos. Que
tal vez esté condenada a estar sola.
Sale a la
calle con ganas de compartir sus alegrías y sus penas con aquel que la valore y
le abra su corazón. Sueña con hacerlo feliz. Aún no sabe quién es y ya lo
espera, lo imagina, lo huele, lo siente. No falta mucho, pero ella no lo
sabe.
Pero hay algo que no sabe y es que en verdad, el está ahí, aguardándola, igual que ella. El también la imaginó y la dibujó, la huele y la imagina. Tal vez él también, tiene miedo a quedarse solo. ¿Quién sabe?
No hay mucho para hacer, más que esperar.
Pero hay algo que no sabe y es que en verdad, el está ahí, aguardándola, igual que ella. El también la imaginó y la dibujó, la huele y la imagina. Tal vez él también, tiene miedo a quedarse solo. ¿Quién sabe?
No hay mucho para hacer, más que esperar.
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