sábado, 1 de agosto de 2015

Si te gusta, bien… y sino….



La señorita María es una de esas docentes que le pone el cuerpo y el alma a su trabajo. Su día laboral comienza a las doce y treinta y termina a las cinco de la tarde, si es que no queda ningún nene que no ha sido retirado.
Nunca quiso trabajar dos turnos porque cree que la calidad educativa declinará y lo que menos quiere es llegar cansada, malhumorada y enojada a la sala, donde la esperan cada día 28 historias que necesitan de su total atención. Con mucha suerte llega a su casa a las cinco y media o seis. Pero cuando un papá está retrasado, o no ha llegado, debe cumplir con los siguientes incómodos pasos; comunicarse con su madre, padre, abuelo, tío,  o cualquier persona anotada en la ficha del niño y reclamar su presencia. Si es que no lo han venido a buscar aún, procede con la engorrosa actividad de llamar a la policía y reportar el “abandono de persona”. Por suerte, hace mucho que no se queda ningún nene después de hora. El último fue Juani, a quien no lo vinieron a retirar sino hasta las 6:40. Se acuerda del último porque fue el viernes que se encontró con sus amigas de la secundaria a cenar.
—Mari...—habló Karina, una de sus amigas. Trabaja para una multinacional en Pacheco. —…te noto callada. ¿Estás bien? Siempre hablas sin parar y nos aturdís con tus historias del jardín. Con los chistes de los nenes, con las anécdotas tan descriptivas de caca y pis…—todas rieron— con los problemas de los padres. Y hoy… nada. Casi no emitiste palabra. ¿Te sentís bien?
—Si Kari. Estoy bien, solo que un poco cansada. Me duele mucho la garganta. Y como les dije a Sabrina y a Lorena al llegar, me tuve que quedar hasta casi las 7 con un nene al que no venían a buscar. Tuve que llamar a la policía, hacer un papeleo terrible, la madre que se calentó cuando vio el patrullero. Terrible… Un día tedioso, largo y agotador. Estoy muerta. No doy más.
Karina la miraba absorta y aunque escuchaba lo que María le decía no podía dejar de pensar en que su amiga trabajaba 4 horas y media, tenia los fines de semana libre, vacaciones de invierno y verano. Sin contar los feriados y los paros. Uf! Los paros! Se mordió el labio para no hablar porque sabía cuál era la opinión de María y sabía que si hablaba de ese tema, terminarían envueltas en una tremenda discusión. Por eso evitaba hablar de eso delante de ella. Mientras María se excusaba para ir al baño ella tenía ganas de decirle; “¿de qué te quejas?” Su pensamiento fue interrumpido por las risas de Lorena y Sabrina.
—Perdón, no escuche. ¿Qué paso? Estaba en otra… — pregunto Karina.
—Nada… nada….  Olvidate!
—No… díganme. Yo también me quiero reír.
—Nada Kari…—hablo Lorena— que Sabrina dice que puede estar escuchando tu pensamiento. Que pensó que por tu cara, le ibas a saltar a la yugular a María. —Continúo riéndose.
— ¿Tanto se nota? Uf… No la soporto. Vive diciendo que está cansada, que no tiene tiempo, que tiene muchas cosas que hacer. Siempre le duele algo. Yo no entiendo… ¿de qué se queja? Labura cuatro horas y media, tiene los fines de semana, las vacaciones, los feriados… los paros. Vamos… !que se deje de joder! Es maestra jardinera, se la pasa recortando cartulinas y cantando canciones. A mí que no me joda.  Laburo es el tuyo Lore. ¿Cuántas horas laburas? ¿Ocho… nueve….?
—A veces ocho, a veces nueve o hasta diez cuando puedo hacer horas extra y me da el cuerpo. ¿no?Pero bueno Ka, ella estudió. Yo no.
—!Si! Estudio para hacer reír a los pibes, para ser payaso. Es lo que yo digo. !Dios! No puedo evitar envenenarme cuando escucho a un docente hablar. ¿Quieren aumento? ¡Qué laburen como los demás carajo! Como vos y yo… que nos rompemos el culo todos los días.
Karina estaba tan metida en su ira y cubierta de veneno que no se percató de la presencia de María detrás de ella. Tampoco notó las caras de Sabrina y Lorena y como abrían los ojos para indicarle que su amiga la estaba escuchando. María tomó aire y se sentó. Le clavó la mirada e hizo que se quedara congelada con la última palabra en la boca. Antes de empezar a hablar, bebió un trago de gaseosa.
—Mira Karina. Yo se que vos y yo tenemos opiniones diferentes, que a vos te gusta opinar de la vida de los demás, y siempre tenés algo que decir de los otros. Porque chicas…. —miro a las demás—cuando ustedes no están, también habla así eh. No voy a ponerme a decir las cosas que dice porque no soy como ella. Lo único que te voy a explicar por última vez es lo siguiente— la miro directamente a los ojos—. Yo me rompo el culo laburando igual o más que vos. ¿Sabes por qué? Porque aunque empiece a las 12:30 y salga a las 5, mi laburo no se queda ahí, como el tuyo. Yo llego a mi casa y tengo que seguir haciendo cosas. Hago antes y después, durante el fin de semana, en las vacaciones… No sé qué idea tenés en la cabeza de que el laburo de la maestras es solo recortar y “cantar cancioncitas”. Déjame decirte que nosotras lidiamos con nenes que carecen de cariño, nenes que no tienen para comer, nenes a los que abandonan y de los que se olvidan en el jardín, como si fuesen paquetes. Lidiamos con padres ausentes, con padres abusivos y golpeadores. Lidiamos con una realidad que vos ni nadie ve. Lidiamos con la falta de materiales y con contextos sociales que carecen de valores. ¿Vos decís que no toleras a los docentes? Bueno… lamentablemente, el día que tengas un hijo, pasara por las manos de unos cuantos. Y ojalá…. Ojalá…Que te toque uno como yo. Uno que planifica, uno que gana menos de la mitad de lo que ganas vos y aun así va con una sonrisa cada día. Uno que llama por teléfono cuando tu hijo se ausenta, uno que se ríe de sus chistes y sus monerías. Uno que le limpia la caca y el pis. Uno que pelea con uñas y dientes para que la educación de este país mejore. ¡Ojala! Así ves lo que realmente es ser docente. Y para terminar te digo… yo no te ofendo. No digo que vos te la pasas sentada en una oficina (tal vez mas horas que yo) y que ganas el triple de lo que gano yo. Que si te equivocas cuando tipias, lo volvés a corregir. Lo que yo haga en mí día a día, queda en los nenes para siempre. Por eso es que no salgo los fines de semana, por eso que es me levanto temprano y armo mis clases. Por eso es que llego, tomo unos mates y sigo con informes, papeles y proyectos…. —Sabrina intentó frenar el discurso que cada vez se tornaba más tenso, golpeando el vaso con una cuchara y diciendo “Tiempo… tiempo”.
María reaccionó al sonido agudo de la cuchara y se volvió sobre las miradas de sus amigas que jamás la habían visto tan enojada. Lorena intentó calmarla agregando;
—Nadie lo niega Mari. Ustedes hacen un trabajo extraordinario por dos mangos. Pero convengamos que la gran mayoría no son como vos. Pero bue... ya esta chicas. No peleen más.
—Yo no peleo. — Rompió el mutismo Karina— ¿Ahora resulta que no puedo dar mi opinión? Yo soy así, digo lo que pienso. Te gusta bien, y si no, también. — Miró para otro lado, como hace siempre que termina una discusión en la cual le faltan argumentos. No volvió a ver a María a los ojos a pesar que esta le quemaba la piel con su mirada.
—Bueno… bueno… ¿Qué pedimos de postre? ¿Tomamos un cafecito? —Suavizó la voz de Sabrina.
—No Sabrina. Yo me voy. Es tarde y estoy muy cansada. Además, no quiero pasar ni un minuto más frente a alguien que no respeta mi trabajo ni mi amistad. Porque aunque odie a los docentes, se olvida que su amiga es uno de ellos. Parece que ese odio pesa más. Bueno… yo no voy a luchar para cambiar su opinión y para hacerle ver todo lo que uno hace cada día. Lo siento mucho. No quería que esto terminara así. Buenas noches.

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