La señorita María es una de esas
docentes que le pone el cuerpo y el alma a su trabajo. Su día laboral comienza
a las doce y treinta y termina a las cinco de la tarde, si es que no queda
ningún nene que no ha sido retirado.
Nunca quiso trabajar dos turnos porque cree que la calidad educativa declinará y lo que menos quiere es llegar cansada, malhumorada y enojada a la sala, donde la esperan cada día 28 historias que necesitan de su total atención. Con mucha suerte llega a su casa a las cinco y media o seis. Pero cuando un papá está retrasado, o no ha llegado, debe cumplir con los siguientes incómodos pasos; comunicarse con su madre, padre, abuelo, tío, o cualquier persona anotada en la ficha del niño y reclamar su presencia. Si es que no lo han venido a buscar aún, procede con la engorrosa actividad de llamar a la policía y reportar el “abandono de persona”. Por suerte, hace mucho que no se queda ningún nene después de hora. El último fue Juani, a quien no lo vinieron a retirar sino hasta las 6:40. Se acuerda del último porque fue el viernes que se encontró con sus amigas de la secundaria a cenar.
Nunca quiso trabajar dos turnos porque cree que la calidad educativa declinará y lo que menos quiere es llegar cansada, malhumorada y enojada a la sala, donde la esperan cada día 28 historias que necesitan de su total atención. Con mucha suerte llega a su casa a las cinco y media o seis. Pero cuando un papá está retrasado, o no ha llegado, debe cumplir con los siguientes incómodos pasos; comunicarse con su madre, padre, abuelo, tío, o cualquier persona anotada en la ficha del niño y reclamar su presencia. Si es que no lo han venido a buscar aún, procede con la engorrosa actividad de llamar a la policía y reportar el “abandono de persona”. Por suerte, hace mucho que no se queda ningún nene después de hora. El último fue Juani, a quien no lo vinieron a retirar sino hasta las 6:40. Se acuerda del último porque fue el viernes que se encontró con sus amigas de la secundaria a cenar.
—Mari...—habló Karina, una de sus amigas. Trabaja para una multinacional en
Pacheco. —…te noto callada. ¿Estás bien? Siempre hablas sin parar y nos aturdís
con tus historias del jardín. Con los chistes de los nenes, con las anécdotas
tan descriptivas de caca y pis…—todas rieron— con los problemas de los padres.
Y hoy… nada. Casi no emitiste palabra. ¿Te sentís bien?
—Si Kari.
Estoy bien, solo que un poco cansada. Me duele mucho la garganta. Y como les
dije a Sabrina y a Lorena al llegar, me tuve que quedar hasta casi las 7 con un
nene al que no venían a buscar. Tuve que llamar a la policía, hacer un papeleo
terrible, la madre que se calentó cuando vio el patrullero. Terrible… Un día
tedioso, largo y agotador. Estoy muerta. No doy más.
Karina la
miraba absorta y aunque escuchaba lo que María le decía no podía dejar de
pensar en que su amiga trabajaba 4 horas y media, tenia los fines de semana
libre, vacaciones de invierno y verano. Sin contar los feriados y los paros.
Uf! Los paros! Se mordió el labio para no hablar porque sabía cuál era la
opinión de María y sabía que si hablaba de ese tema, terminarían envueltas en
una tremenda discusión. Por eso evitaba hablar de eso delante de ella. Mientras
María se excusaba para ir al baño ella tenía ganas de decirle; “¿de qué te
quejas?” Su pensamiento fue interrumpido por las risas de Lorena y Sabrina.
—Perdón, no
escuche. ¿Qué paso? Estaba en otra… — pregunto Karina.
—Nada…
nada…. Olvidate!
—No… díganme. Yo
también me quiero reír.
—Nada
Kari…—hablo Lorena— que Sabrina dice que puede estar escuchando tu pensamiento.
Que pensó que por tu cara, le ibas a saltar a la yugular a María. —Continúo
riéndose.
— ¿Tanto se
nota? Uf… No la soporto. Vive diciendo que está cansada, que no tiene tiempo,
que tiene muchas cosas que hacer. Siempre le duele algo. Yo no entiendo… ¿de
qué se queja? Labura cuatro horas y media, tiene los fines de semana, las
vacaciones, los feriados… los paros. Vamos… !que se deje de joder! Es maestra
jardinera, se la pasa recortando cartulinas y cantando canciones. A mí que no
me joda. Laburo es el tuyo Lore.
¿Cuántas horas laburas? ¿Ocho… nueve….?
—A veces ocho, a
veces nueve o hasta diez cuando puedo hacer horas extra y me da el cuerpo. ¿no?Pero bueno Ka, ella estudió. Yo no.
—!Si! Estudio
para hacer reír a los pibes, para ser payaso. Es lo que yo digo. !Dios! No puedo
evitar envenenarme cuando escucho a un docente hablar. ¿Quieren aumento? ¡Qué
laburen como los demás carajo! Como vos y yo… que nos rompemos el culo todos
los días.
Karina estaba
tan metida en su ira y cubierta de veneno que no se percató de la presencia de
María detrás de ella. Tampoco notó las caras de Sabrina y Lorena y como abrían
los ojos para indicarle que su amiga la estaba escuchando. María tomó aire y se
sentó. Le clavó la mirada e hizo que se quedara congelada con la última palabra
en la boca. Antes de empezar a hablar, bebió un trago de gaseosa.
—Mira Karina. Yo se que vos y yo tenemos opiniones diferentes, que a vos te gusta opinar de
la vida de los demás, y siempre tenés algo que decir de los otros. Porque
chicas…. —miro a las demás—cuando ustedes no están, también habla así eh. No
voy a ponerme a decir las cosas que dice porque no soy como ella. Lo único que
te voy a explicar por última vez es lo siguiente— la miro directamente a los
ojos—. Yo me rompo el culo laburando igual o más que vos. ¿Sabes por qué?
Porque aunque empiece a las 12:30 y salga a las 5, mi laburo no se queda ahí,
como el tuyo. Yo llego a mi casa y tengo que seguir haciendo cosas. Hago antes
y después, durante el fin de semana, en las vacaciones… No sé qué idea tenés en
la cabeza de que el laburo de la maestras es solo recortar y “cantar
cancioncitas”. Déjame decirte que nosotras lidiamos con nenes que carecen de
cariño, nenes que no tienen para comer, nenes a los que abandonan y de los que
se olvidan en el jardín, como si fuesen paquetes. Lidiamos con padres ausentes,
con padres abusivos y golpeadores. Lidiamos con una realidad que vos ni nadie
ve. Lidiamos con la falta de materiales y con contextos sociales que carecen de
valores. ¿Vos decís que no toleras a los docentes? Bueno… lamentablemente, el día
que tengas un hijo, pasara por las manos de unos cuantos. Y ojalá…. Ojalá…Que
te toque uno como yo. Uno que planifica, uno que gana menos de la mitad de lo
que ganas vos y aun así va con una sonrisa cada día. Uno que llama por teléfono
cuando tu hijo se ausenta, uno que se ríe de sus chistes y sus monerías. Uno
que le limpia la caca y el pis. Uno que pelea con uñas y dientes para que la
educación de este país mejore. ¡Ojala! Así ves lo que realmente es ser docente.
Y para terminar te digo… yo no te ofendo. No digo que vos te la pasas sentada
en una oficina (tal vez mas horas que yo) y que ganas el triple de lo que gano
yo. Que si te equivocas cuando tipias, lo volvés a corregir. Lo que yo haga en
mí día a día, queda en los nenes para siempre. Por eso es que no salgo los fines
de semana, por eso que es me levanto temprano y armo mis clases. Por eso es que
llego, tomo unos mates y sigo con informes, papeles y proyectos…. —Sabrina
intentó frenar el discurso que cada vez se tornaba más tenso, golpeando el vaso
con una cuchara y diciendo “Tiempo… tiempo”.
María
reaccionó al sonido agudo de la cuchara y se volvió sobre las miradas de sus
amigas que jamás la habían visto tan enojada. Lorena intentó calmarla
agregando;
—Nadie lo
niega Mari. Ustedes hacen un trabajo extraordinario por dos mangos. Pero
convengamos que la gran mayoría no son como vos. Pero bue... ya esta chicas. No
peleen más.
—Yo no peleo.
— Rompió el mutismo Karina— ¿Ahora resulta que no puedo dar mi opinión? Yo soy
así, digo lo que pienso. Te gusta bien, y si no, también. — Miró para otro
lado, como hace siempre que termina una discusión en la cual le faltan
argumentos. No volvió a ver a María a los ojos a pesar que esta le quemaba la
piel con su mirada.
—Bueno… bueno…
¿Qué pedimos de postre? ¿Tomamos un cafecito? —Suavizó la voz de Sabrina.
—No Sabrina.
Yo me voy. Es tarde y estoy muy cansada. Además, no quiero pasar ni un minuto
más frente a alguien que no respeta mi trabajo ni mi amistad. Porque aunque
odie a los docentes, se olvida que su amiga es uno de ellos. Parece que ese
odio pesa más. Bueno… yo no voy a luchar para cambiar su opinión y para hacerle
ver todo lo que uno hace cada día. Lo siento mucho. No quería que esto
terminara así. Buenas noches.
mmmmm , buenos dias!!
ResponderEliminarMas que un relato una declaracion de principios.aclaro que comparto cada una de las palabras de la señorita Maria
ResponderEliminarY... jajajaja... =) Gracias por leerme Li!!!!
EliminarMuy bueno.. te felicito
ResponderEliminarGracias!!! =) te quiero
EliminarMe gustó mucho el tema que elegiste y el diálogo es tan real, felicitaciones
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